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El Sueño de Clío es un Blog del Profesor del área de Geografía e Historia y Ciencias Sociales de Secundaria en España, y que imparte sus clases en el IES Juan A. Pérez Mercader en la provincia de Huelva. Aquí iremos publicando curiosidades y novedades relacionadas con el estudio de la Geografía y la Historia, así como las experiencias y actividades destacadas que realicemos en las clases. También disponéis de una agenda donde se publicamn las fechas de exámenes y entregas de trabajos. Tanto si eres alumno, alumna o familiar, aquí podrás encontrar un rincón tranquilo y relajado en el que repasar lo que llevamos hecho y reflexionar sobre las cosas que la vieja y algo cínica Clío quiere enseñarnos.

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domingo, 8 de noviembre de 2015

...Rodrigo Diaz de Vivar, el Cid

La historia detrás de la leyenda

"La Jura de Santa Gadea", óleo de Hiráldez Acosta (1864), actualmente expuesto en la sede del Senado Español
Un nuevo enemigo.
          Suena una música solemne de fondo. En nuestro televisor imaginario la escena nos muestra una llanura desolada y arrasada, y a lo lejos un pequeño pueblo despide penachos de humo grasiento y negruzco. Mientras la cámara realiza un lento zoom que nos acerca al pueblo saqueado, un narrador comienza a... bueno, a narrar. "A finales del siglo XI, España era un país dividido y agitado"

          ¿Perdón? ¿Qué? Si, bueno, vale. España todavía es un país dividido y agitado. No, en serio, era mucho peor en aquella época. Ya, ya, vale, realmente no mucho peor. Pero un poquito sí. ¿Vale? ¿Podemos seguir? Genial.

            Suena una música solemne de fondo otra vez. El narrador se aclara su metafórica garganta y continua. "La tierra estaba en manos de señores y reyes, mientras la mitad del país estaba bajo el dominio de los musulmanes. Desde Marruecos, un nuevo imperio emerge, amenazando a cristianos y musulmanes por igual: (redoble de tambores) el Califato de los Almohades." ¿Véis? Tampoco era tan dificil estarse calladitos y escuchar. Hombre ya.

          En el año 1090 los almohades, después de inventar las almohadas (un arma terrible, la almohada) invaden la Península, derrotando uno a uno a los pequeños reyes musulmanes que dominaban el sur y dispuestos a avanzar hacia el norte para hacer frente a los reinos cristianos. El más importante de todos ellos era el Reino de Castilla. Y le iba a tocar a su rey, Fernando I, hacer frente a esta nueva amenaza.

Una sucesión problemática.
           Pero Fernando era un anciano, y murió poco antes de tener que hacer frente a este nuevo enemigo. De acuerdo con la tradición, Fernando dividió sus posesiones entre sus tres hijos, igual que tú harás con tus propios hijos algún día. Por estas fechas nuestro protagonista, Rodrigo Díaz, señor de Vivar, era ya un famoso e importante caballero al servicio del hijo mayor de Fernando, llamado Sancho. De hecho, Rodrigo era su escudero personal y amigo íntimo.

Los hijos de Fernando hicieron lo mismo que puedes esperar que harán tus hijos en el momento en el que estés comoda y -esperamos- permanentemente muerto. Empezar a pelearse por la herencia. Sólo que cuando eres rey, y tus hermanos también, la típica disputa de sobremesa sobre quién se quedó con la vajilla de mamá tiene todas las posibilidades de convertirse en una guerra abierta que incluya duelos de indirectas retorcidas, intercambio de miradas significativas y, cuando las cosas se pongan feas de verdad, el uso de cucharas.  

 Sancho II ganó aquella guerra, en parte gracias a la ayuda de Rodrigo, y se convirtió en Rey de Castilla, León y Galicia. Pero su hermana, señora de Zamora, se rebela también poco después. Se llamaba Urraca. ¿Y ahora qué pasa? Me ofende profundamente. Urraca es un nombre castellano muy castizo y perfectamente válido. Para un pájaro.

              La cosa se pone fea porque el hermano pequeño de Sancho, llamado Alfonso, huye y se refugia con su hermana en Zamora. Menuda familia. Imaginaos las cenas navideñas... De nuevo, Rodrigo participa en otra guerra civil. A veces parece que en Castilla es una especie de deporte nacional: fútbol, toros, y matarnos unos a otros. Pero durante el asedio de Zamora el rey Sancho II es asesinado por un vasallo de su hermano Alfonso cuando acudía a reunirse con él para acordar una tregua. Por supuesto, esto hizo que Sancho perdiera el partido por muerte accidental. Pero además atrajo ciertas... como decirlo... sospechas sobre la persona de su hermano Alfonso, puesto que era el principal beneficiario de su muerte. Pero dado que el detective Colombo no estaba de servicio aquel día, pues nadie se atrevió a rebuscar mucho.
"Portillo de la Traición", en Zamora, por la que según la leyenda Bellido Dolfos, asesino de Sancho II, se refugia dentro de las murallas de Zamora para escapar a la venganza de El Cid.

La Jura de Santa Gadea.
Bueno, miento cual bellaco. En realidad nuestro amigo Rodrigo Díaz, que estaba con Sancho en el momento de su muerte pero no pudo salvar a su amigo, va a atreverse. Y de forma realmente espectacular. La cosa va así. Alfonso es proclamado rey en la iglesia burgalesa de Santa Gadea. En Castilla, y luego en España hasta hoy día, a los reyes no los coronamos. No no. Los proclamamos. la corona se supone que la tienen que traer ellos de casa. Después de todo, los castellanos somos un pueblo austero. Después de ser proclamado, el rey recibe el vasallaje de todos sus nuevos súbditos, reunidos para la ocasion. Uno a uno, todos los grandes del reino se arrodillan ante el rey Alfonso VI y le juran fidelidad y obediencia. Y aquí llega el turno de Rodrigo. Y el tío va y no se arrodilla. Ea, ya se lió.

           Frente a todos los perplejos y atónitos señores laicos y eclesiásticos de Castilla, Rodrígo Díaz, señor de Vivar, exige a su nuevo rey que, sobre una Biblia, jure no haber conspirado ni permitido que se conspire contra la vida de su hermano Sancho. De hecho, Rodrigo toma la mano del rey y le obliga a ponerla sobre una Biblia. Alfonso sonríe, asegurandose de enseñar bien todos los dientes, y accede a jurar. Sólo entonces Rodrigo se arrodilla y jura a su vez lealtad al rey. Alfonso, con toda la pinta de ser un hombre muy muy muy feliz en ese momento, decidió que le debía una a aquel tipo. Pequeña lección chicos y chicas: no mosqueéis a un rey.

El exilio. Rodrígo se convierte en El Cid.
Mientras Sancho, Alfonso y Rodrigo representan su particular función de Juego de Tronos, los almohades consolidan sus conquistas en el sur y se lanzan contra Toledo. Alfonso VI quiere hacerles frente en batalla campal, pero Rodrigo se lo desaconseja. A pesar de todo, Alfonso reúne a todos sus vasallos y se enfrenta a los musulmanes al sur de Toledo, en la batalla de Sagrajas. Fue un desastre del que a duras penas escapa el propio rey. Además, Rodrigo no asoma la nariz por el campo de batalla, y Alfonso, que por algún extraño motivo esperaba que su vasallo hiciese lo que se le decía, se mosquea. Mucho. Le acusa de ser el culpable de la derrota. Le condena al exilio, confisca sus bienes y amenaza de muerte a todo aquel que le ayudase. Oficialmente, el señor de Vivar se había convertido en "felon", un traidor, un noble sin honor ni palabra. Así que decidió convertirse en mercenario.
Como tal, Rodrigo vendía su espada a quien quisiera darle uso. Cuando digo que vendía su espada (a la que llamaba Tizona y tenía especial cariño), queremos decir que incluía el brazo que la sujetaba, el cuerpo vinculado a dicho brazo y unos doscientos o así guerreros que decidieron acompañarle en su exilio. Pronto se convierte en amigo del Emir de Zaragoza, el ultimo señor musulmán independiente en la Península, y enemigo de los almohades. Será este emir quien dé a Rodrigo el nombre por el que le conocemos. Le llamaran "al-Sidi", que en árabe quiere decir "el señor" y que los castellanos, con ese don natural que tenemos para los idiomas extranjeros, acabamos convirtiendo en "el Cid". Del emir también obtiene nuestro héroe una información importante: que los almohades planean desembarcar en Valencia para, desde allí, subir hasta Zaragoza y, a través del valle del Ebro -el flanco expuesto de Castilla- arrasar con todo el territorio.

La Península en la época de El Cid. Fuente: www.historynet.com

El Cid cabalga hacia la leyenda.
Y aquí es donde la leyenda empieza. El Cid decide actuar. Se alía con el emir de Zaragoza y pide ayuda al rey de Castilla, con la intención de unir a todos los españoles, sin importar su credo, contra un enemigo extranjero. El plan es hacerse con Valencia y detener la operación Overlord de los almohades en la misma playa. Pero el rey Alfonso duda. No se fía.

Con una hábil estratagema, el Cid toma Valencia. Primero, asedia la ciudad hasta casi ponerla de rodillas por hambre. Después, la bombardea con hogazas de pan. Un poco como Hacienda, que primero te quita buena parte de tu sueldo y luego te devuelve un poquito y tu te quedas tan contento porque está claro que el sistema funciona.  Los guardias abandonan las murallas y el pueblo le abre las puertas recibiéndole como a un libertador. Sus seguidores quieren que El Cid se corone Rey de Valencia. Pero El Cid se niega. Aún considera que Alfonso es su señor. Empaqueta la corona y se la hace mandar. De ahí la frase con la que se suele asociar la figura de El Cid, y con la que todo español suele sentirse identificado: "¡Buen vasallo sería, si tuviese buen señor!"

       Conmovido, Alfonso VI decide enviar ayuda pero, ay, es tarde. Los almohades ya están aquí y Valencia está bajo asedio. Liderando una carga contra los atacantes, El Cid es herido de muerte y trasladado a sus aposentos, donde agoniza. Sus seguidores desfallecen. El enemigo a las puertas. Su líder muerto. Ningún auxilio a la vista. Si Valencia cae, la seguirá el resto de la Península. ¿Qué hacer?

         Igual que Ulises tuvo su Penélope, Rodrigo tiene su Jimena. Doña Jimena, la esposa de El Cid, ve llegado su momento. Tiene una idea. Hace que el cadáver de Rodrigo sea atado a su blanco caballo, vestido con una armadura blanca, un estandarte blanco en la mano, la espada Tizona en la otra, todo sujeto mediante cuerdas y andamios. Que no, que Tizona no era blanca, que es una espada, porelamordedios. A los españoles, además, lo del andamio es que se nos daba muy bien incluso en esa época remota. Al verlo a caballo otra vez, las huestes de Valencia recobran el ánimo. "¡El Cid vive! ¡Sus y a ellos! ¡Santiago y Cierra España! ¡Hipotecas baratas para todos! ¡Aquí pondremos Port Aventura!". Los valencianos cargan. Los almohadas se cagan. Los soldados musulmanes, que han visto muy poco muertos después de muertos, se ven venir a este y le ven cara de pocos amigos. Las huestes del Califa se desbandan, horrorizadas, bien por la imagen de un muerto a caballo, bien por cegados por tanto trapo blanco. Y Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, que ganó su última batalla después de muerto, siguió cabalgando sin que nadie fuera capaz de darle alcance y traerle de vuelta a Valencia, desapareciendo para siempre en las sombras místicas y nebulosas de la leyenda y los romances. Música solemne. Fin.

¿Qué? Si, en España tenemos mucho sol, pero ahora está gravado con impuestos y no nos gusta abusar de él. Y de vez en cuando también tenemos nieblas místicas, ¿vale? No es patrimonio de los ingleses, la niebla mística. Además, allí las empezaron a tener sobre todo por la contaminación de las fábricas. Aquí, como no tenemos tantas industrias, las nieblas las tenemos que hacer a la antigua. El nuestro es un país de prodigios.  
Videografía y cibergrafía básicas.
Sigue siendo imposible ser exhaustivo, pero en fin. Aquí van unos cuantos enlaces de internet y unos consejillos sobre pelis. Si os sigue pareciendo poco, ya sabéis. Buscad en internet "el Cid" y tendréis toda la información que queráis. Internet es genial y todo eso, pero la información está ahí fuera y no vale de nada si no la buscáis, os la leéis y os la metéis ahí dentro.
http://cliosdream.blogspot.com/2015/11/rodrigo-diaz-of-vivar-the-cid.html
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